Hace algunas semanas contábamos cómo era alquilar una vivienda en plena pandemia a través de un artículo narrado en primera persona, y basado en la experiencia de una persona que había arrendado una casa durante el covid-19 en idealista. Ahora, este mismo inquilino relata sus primeros meses en la vivienda y ofrece una serie de consejos básicos para no cometer errores como pagar recibos atrasados de luz y gas del propietario o tener que arreglar los desperfectos del inmueble una vez firmado el contrato.

La primera recomendación guarda relación con la seguridad de tu decisión. Es importante que estés convencido de irte a vivir de alquiler a una nueva vivienda, sea o no tu primer arrendamiento. Estar seguro evitará frustraciones futuras. Lo siguiente que debes de tener es paciencia, porque tienes que asumir que alquilar un inmueble requiere tiempo. Todos los pisos que visites no te gustarán y los que sí encajen en tus preferencias pueden contar con varios interesados y al final no ser tú el elegido. Si esto pasa es importante no caer en la desmotivación, porque podría llevarte a aceptar el siguiente piso que visites, aunque no te gustase y sólo por temor a no encontrar algo mejor.

Uno de los mejores consejos que puedes recibir antes de decidirte por cualquier vivienda es dejar de un lado la impulsividad. Es decir, la casa puede gustarte, tener todos los servicios que demandas, estar ubicada en la zona que buscabas, ser económica… pero eso no lo es todo. Antes de tomar la decisión definitiva es vital preguntar por los gastos y por la convivencia con el resto de los vecinos.

Con respecto a la primera cuestión hay que conocer no sólo lo que la casa consume de luz, gas o agua, sino que también hay que preguntar por los gastos de comunidad. Lo normal es que sea el propietario quien se haga cargo de este desembolso, pero en alguna ocasión te puedes encontrar con una ingrata sorpresa. De hecho, a mí me ocurrió dos veces. En relación con esta cuestión también te recomiendo preguntar por los electrodomésticos de la cocina. Es habitual que ante la emoción de encontrar una casa que nos guste no prestemos atención a la descripción del anuncio donde algunos propietarios avisan de que el inmueble se alquila sin muebles o que la cocina no cuenta con electrodomésticos.

En este caso, yo no contaba con aparatos propios porque mi excasera sí me arrendó la casa totalmente equipada. Parece una tontería, pero descarté una vivienda que cumplía todos los requisitos que demandaba sólo porque no estaba dispuesto a invertir en la compra de electrodomésticos, sobre todo porque tendría que sumar este gasto a los honorarios de la inmobiliaria, al mes de fianza, al depósito de confianza y al primer mes de arrendamiento. Demasiado desembolso en un corto espacio de tiempo, pero esta fue una decisión personal, porque también hay personas que prefieren adquirir sus propios electrodomésticos y llevarlos con ellos a sus futuros hogares, ya sea en régimen de alquiler o compra.

Una vez aclarados estos puntos, lo siguiente que deberías de hacer es preguntar por los gastos de la vivienda: luz, agua y si lo tuviera, gas. En mi caso, la propietaria de la casa que finamente arrendé me enseñó hasta facturas de meses anteriores para que comprobará qué dinero tendría que destinar a costear estos servicios. Mi recomendación es acceder (si podéis) a esos recibos para ver si el gasto entra dentro de vuestras posibilidades.

Si tu bolsillo puede soportar el arrendamiento y los gastos derivados del mismo, te aconsejo informarte sobre la convivencia vecinal. En este punto entran en juego las preferencias personales de cada uno, porque habrá personas a las que les guste que exista una vida en comunidad y otras que prefieran más tranquilidad en ese sentido. Lo que es importante es te sientas a gusto no sólo en tu casa, sino también en el ámbito donde vas a vivir.

Cuando ya has tomado la decisión en base a todas estas premisas ‘sólo’ queda firmar el contrato. Y digo ‘sólo’ porque en realidad es el paso más importante y donde cualquier error puede estropear tu futuro más inmediato. Lee más de una, de dos y de tres veces el contrato, pregunta todo lo que no entiendas, reclama lo que creas que no está incluido y debería de estarlo, aclara todos los puntos del acuerdo y no firmes nada hasta que no estés seguro. En mi caso me preocupaba un apartado que guardaba relación con el pago de la comunidad y que tal y cómo estaba redactado parecía que sería yo quien correría con el gasto. Después de una aclaración y una modificación el asunto quedó esclarecido.

Pero antes de firmar queda algo por hacer: revisar el inventario del piso y los desperfectos. En mi caso concreto la propietaria elaboró una relación de objetos que se quedaban en la vivienda y otra con los que no para no tener ningún problema el día que se acabe nuestra relación. En el caso de los desperfectos, todos quedaron arreglados antes de la firma del contrato.

En el anterior artículo ya hablamos de la mudanza y de lo personal que es contratar o no a una empresa para realizar esta tarea. Para no repetirme, sólo decir que en mi opinión contar con la ayuda de unos profesionales para los portes fue una gran decisión y un dinero bien invertido. Los primeros días en la vivienda trata de probar todos los electrodomésticos para informar al propietario si algo no funciona bien. Además, intenta cambiar el nombre del titular y la facturación de los suministros de luz y gas lo antes posible para evitar problemas con tu casero. Pero cuidado, antes de realizar esta gestión comprueba que no haya recibidos pendientes.

En mi caso me encontré con hasta cinco recibos de la luz sin abonar. Menos mal que la teleoperadora me avisó de esta cuestión, porque de no haberlo hecho me hubieran cobrado a mí los retrasos. El error fue subsanado de inmediato porque los impagos no se debían a una ausencia de voluntad del propietario de pagar, sino a una confusión con la dirección de facturación. Sea cual sea el motivo, asegúrate de que todos los pagos están en regla antes de realizar cambios.

Con el gas también tuvimos otro contratiempo: el operador que mira el contador no había pasado por casa desde hace meses porque estaba sin habitar y las últimas facturas se hicieron en base a estimaciones. Por este motivo no hicimos nada hasta que un trabajador de la compañía anotó la facturación de la que partíamos al entrar a la vivienda. Estos dos consejos te ahorrarán sustos que pueden trastocar tus planes financieros. Por último y en relación con el gasto y al consumo del hogar, te recomiendo este artículo donde encontrarás los objetivos que suelen consumir más y los que tienen un mejor comportamiento energético.

[Fuente: Idealista / Carlos Lospitao]